lunes, 19 de junio de 2017

TIRARSE AL RÍO

En la ciudad donde hago la midicina los desesperados de la vida se tiran al río.

Un día se deslizó uno como de casualidad y fueron todos los demás detrás.

Se hizo cultural.

Se institucionalizó.

No se sabe si es

porque el servicio de psiquiatría se hizo unidad de gestión clínica jj

porque se desesperan en una ciudad y en una Comunidad Autónoma en la que es difícil soñar

porque les cambian a los nuevos antipsicóticos porque hay que ir a cenar al NH.

Algunos desde el puente. Otros desde la prisa. Se precipitan.

Han puesto unas mamparas en uno y todo, como en el Viaducto de Segovia de Madrí.

Aquí nunca llega lo de Madrí, así que debe ser tocho todo esto.

Buscan a uno y encuentran a uno. Y resulta que es otro.

El Duero como Ganges. Queda el alma de todos ellos entre lo fluvial y lo pluvial.

Se ven arrastrados por la vida (y la) corriente.

La pulítica no les rescata antes pero sí después, cuando ya se han tirado. SalvaMIENTOS.

Desparece uno y en cuanto no está en casa o en el bar ya van tirando para el río.

Y ya está. 

martes, 6 de junio de 2017

EL HÍGADO

por Baxter&Rimbaud poesía continua(da)
Baxter&Rimbaud somos Bernardino Oliva y Roberto Sánchez


Pensaba que el mundo era idílico
pero es que estaba etílico.
Intentabas tocarme el hígado
cuando me hacías cosquillas
en medio del bar.
Pero estaba escondido
debajo de las costillas.
Te agarraba tus manos
con mi eritema palmar.
Se me iba todo
por la circulación colateral.
Pasaba beodo
el período invernal.
Inflamando sin cesar
cada lóbulo celoso
de la hipertensión portal,
de esófagos varicosos,
de las chapetas malares
que como flagrante pícaro
tramaba en todos los bares
aturdido el paté...el hígado,
de mi tripa al lado oscuro
allá a la derecha, lejos
de los desagües inmundos
y del pesado y ya viejo
latido discotequero
del cansino corazón
que se hipertrofia, chusquero,
con el chupito de ron
que celebra, vive Dios,
que se han ido tus cosquillas,
que ya no escucho tu tos,
que te has ido de puntillas.

Quería salir impune
haciéndolo pasar por autoinmune.
Una cirrosis biliar primaria
para llevarte la contraria.
Pero en este tiempo he aprendido,
que ya no me importa
lo que le pase a la porta.
Me he sorprendido,
de la perfección del sinusoide.
Ya no sé… si estoy paranoide
o es la encefalopatía.
Tengo hepatomegaloMANÍA.
Lo que sé es que de tanto ir al baño
me estoy haciendo daño,
en la hemorroide.
Tengo atrofia cutánea,
del abuso tópico
del corticoide.
Estoy pensando,
que me voy a poner hidrópico.
DescomPENSANDO.

Ahora busco consuelo
en la abstinencia y el tedio,
el ursodesoxicólico
que no me llevará al cielo,
el citocromo promedio
que me pone melancólico.
¿O es mi melancolía
fruto de la sobriedad,
de la ausencia meditada
del vino que nos unía?
No proceso la verdad,
no digiero la mentira,
Órgano tan poderoso
que no temía al veneno,
y va un paracetamol,
triste fármaco, tan soso,
y por su exceso moreno
me consume el glutatión.
Un órgano tan esdrújulo
Y a la postre tan cobarde
Que entre tu beso y tu hiel,
Entre tu sed y el crepúsculo,
Elige pasar la tarde
Entre el licor y tu piel.

Entre el peritoneo y el árbol biliar
por lo que veo estoy fatal.
Camino del hepatocarcinoma
y más allá.
Hasta el culo de hematomas
de la coagulación intravascular.
No me quiero poner místico,
porque se me comprima el conducto cístico;
ni espiritual.
No me voy a poner lacrimógeno,
porque no descomponga el glucógeno.
Yo mantengo el seroTIPO,
del virus de la hepatitis,
hasta el final.
No me embargó la emoción,
ni la embolización.
Ni la ginecomastia
me hizo usar sujetador.
No me cambió la color
a esta elegante ictericia
por una eventualidad
ni por mi luz interior.
Harto de bilirrubina,
agitado, tembloroso,
con el aliento goloso,
la urea que me asesina
me postra en el hospital,
me llena de pesadillas,
me señala en la otra orilla,
la coma, el punto, el final.

miércoles, 10 de mayo de 2017

LOS DIENTES

El odontólogo del Centro de Salud es un profesional que trabaja en unas condiciones peculiares en Atención Primaria.

Es como un médico de familia que le dice al paciente: lo de la hipertensión no te entra, vete al mercado (de la salud) a buscarlo. Como un médico que trabaja con una mano atada, como un médico que no hace extraACCIONES. Que no es muy incisivo en las prestaciones de la cartera de servicios. Que no puede molar. Como el Servicio Público de Empleo Estatal. Está ahí, pero sirve para muy poco. Al final, cuando te toca pagar la factura del dentista, si es que no estás canino, te quedas como desvitalizado.

miércoles, 18 de enero de 2017

MI TISIS

En estos días hace un año que leí mi tesis doctoral. Quedé tan exhausto y noqueado que he tardado tanto tiempo en poder escribir algo que no fuera por encargo.

Las tesis, al parecer, no se presentan ni se exponen, sino que se leen, del mismo modo que la droja no se compra, sino que se pilla.

Recuerdo la fascinación que sentí cuando conocí por vez primera la historia de Favaloro. No hay una droja tan potente como la fascinación. Tuve la certeza de haber descubierto un diamante que nadie había (de)mostrado ni pulido. Me iba a la cama con la convicción de que había hallado un tesoro y me despertaba con el terror de que alguien, en alguna parte del mundo, lo hubiera descubierto a la vez. También recuerdo las horas invertidas enfebrecido en la certeza de que había algo nuevo por descubrir, un detalle, un dato, un secreto… que voltearía toda la historia tal y como la conocíamos, y que iba a ser llo el que lo hiciera. Andando el tiempo, nos convertimos el investigado y yo en un matrimonio aburrido, por lo prolongado y por la carga de trabajo en relación, y desde luego que si por mí hubiera sido, hubiera matado al personaje a la mitad de la tesis y hubiera convertido a ésta en una novela.

Los mitos que viven (si es que estas dos categorías pudieran ir juntas alguna vez) tienen eso de bueno; son mucho menos legendarios, pero te pueden dar el trabajo hecho.

En resumen, Favaloro (La Plata, Argentina, 1923) fue un alumno de la Facultad de Medicina de origen clase baja, hijo de un carpintero y una modista, alumno brillante, de vocación quirúrgica, que al terminar el internado se quedó sin una plaza de cirujano por no firmar conformidad con el gobierno peronista de entonces.

Marchó a un pueblito del interior a sustituir a un médico rural por tres meses y se quedó diez años. Allí montó una clínica con consultorio, ingreso hospitalario, servicio de radiodiagnóstico y prestaciones quirúrgicas mayores. Practicó la Medicina Comunitaria, trabajó los Determinantes Sociales de la Salud involucrando a la red de asistencia local y luchó por reducir la mortalidad infantil. Un trabajo de impresión para la época.

Durante su estancia como médico general rural en ese periplo, acudía a sesiones clínicas quirúrgicas en Buenos Aires y se seguía formando leyendo las publicaciones que le llegaban puntualmente al pueblo.

Un día le preguntó a uno de sus maestros de la Facultad cuál era el mejor lugar del mundo para formarse como cirujano cardíaco y éste le contestó que la Cleveland Clinic (EEUU), porque había un tipo llamando Mason Sones que había inventado en un sótano una técnica para visualizar con un contraste el árbol coronario (cateterismo).

Con 38 años se plantó allí con una carta de recomendación y sin hablar inglés. Le acogieron como observador y comenzó a ponerse al día en las líneas quirúrgicas de la clínica.

Tomó la idea de la revascularización que se estaba utilizando en procedimientos renales y vasculares periféricos y la aplicó a las arterias coronarias, con lo que consiguió puentear una lesión. Tenía 45 años. Comenzó a poner todo su empeño en desarrollar y difundir la técnica, en contra de las resistencias de los clínicos. Asimismo, los estudios de los años 70 y 80 fueron colocándola en su lugar.

Cuando lo tenía todo, y le ofrecían la millonada in everywhere, Favaloro decidió regresar en los 70 a la Argentina, en plena dictadura, a construir su proyecto soñado: un centro con asistencia (hospital), docencia (universidad) e investigación (laboratorio) que fuera referencia latinoamericana y desde donde expandir las prestaciones en cirugía cardíaca y los profesionales que ahí se formaran al resto del continente.

Favaloro quería atender a todos los pacientes por igual, en el contexto de un sistema sanitario que ofrecía diferentes servicios a los pacientes, distintos según la posición que ocupaban éstos en la sociedad.

Esta circunstancia y la necesidad de una financiación adecuada, hizo que se tuviera que entender con el poder político de su país, con desiguales resultados según la época, y sobre todo, según el presidente de turno.

El sistema sanitario argentino está, como todos los latinoamericanos, orientado al mercado, y preso de muchos intereses que no siempre tienen que ver con la salud y con la satisfacción de las necesidades de los pacientes.

El proyecto de Favaloro sin la ayuda y el empuje estatal era inviable y caminaba a la quiebra técnica, como el país entero.

De alguna manera derrotado él e impugnado el sueño y el proyecto de su vida, decidió pegarse un tiro en el corazón a la edad de 77 años.


Creo que es relevante el hecho de haber escrito la tesis no de algo, sino de alguien. La Universidad española deja espacio para la mitomanía, y eso yo creo que es una virtud del sistema educativo español. He llegado a un grado de comunión con el objeto de la investigación extraño. Porque él para mí lo ha sido todo estos años y yo para él no he sido nada, básicamente porque está muerto. Una relación muy asimétrica jjj. Lo que más lamento de su muerte, evidentemente, es que no vaya a poder leer la tesis que llo he escrito sobre él. Siempre me pregunté que qué pensaría él de ella. ¿Le hubiera gustado? Yo lo que tengo claro es que debe molar que te mueras y te escriban una tisis.

Además, reconozco que si yo le elegí a él para escribirle la tesis fue porque de alguna manera anhelaba su figura y sus logros. Según avanzaba el tiempo, cuando desapareció la ENR (Energía de Nueva Relación) quedó un desenCANTO GENERAL que es difícil de gobernar e integrar en una especie de normalidad. Luego lo que tiene el estudio profundo es que da para desenmascarar las contradicciones, y en cierta manera no puedes dejar de sentir una pequeña decepción. Luego están los otros, y en un país tan polar y pasional como la Argentina, en seguida aparecen detractores de la figura de Favaloro que parece que les va la vida en ello y que te enmiendan a la totalidad y te lo tumban todo jjjj. Madre!

Y luego esa sensación tan universal que tienen todos los que han hecho la tesis de que no la va a leer ni dios jjj. Pues ahí la dejo, para que la NO-descarguéis y la NO-leáis.


Hasta luego.