miércoles, 16 de julio de 2014

VACACIONES SANTILLANA



Aquí tienen a este joven que acaba de terminar la carrera universitaria. Hace algunos días que se examinó de su última asignatura. No ha repetido curso, es que la alopecia en nuestros días es una enfermedad terrible de la veintena. Todos andamos a la gresca con ella en diferentes grados.

Podría pensarse que tiene el gesto taciturno y que frunce el ceño para adecuar su retina a los rayos de sol que inciden perpendicularmente en esta latitud en el cénit del verano.

Ahí se le puede ver con la maleta y la mochila (que guarda como reminiscencia de sus días del Instituto) llena. Probablemente haya cambiado las pilas de apuntes, los cuadernos (uno cambia los cuadernos del Instituto por los folios de la Universidad como un rito de paso, y debe aprender a escribir sin torcerse sin la ayuda de la cuadrícula, como uno debe lograr aprender a sostenerse en la bici en algún momento sin los ruedines) y los libros por un par de botellas de dos litros de refresco rellenas de calimocho caliente y espumoso en el menisco.

Probablemente se dirija al coche que tiene aparcado en el garaje en la izquierda de la imagen y que le ha prestado su madre, y pase a buscar a algunos de sus compañeros y compañeras para dirigirse a continuación a alguna playa a disfrutar de un viaje de fin de estudios que rememorar con frecuencia en la desértica treintena.

Lo que ustedes no saben es que este joven acaba de licenciarse como médico en la Universidad de Granada. Todo un cerebro. Yo no le conozco personalmente, pero me han dicho que es un estudiante modelo. De ésos que aparecen un día como tu médico de familia en tu consulta y le das gracias al cielo por tenerlo. O de ésos que te dicen una frase de ésas en el pasillo de un hospital que no se te olvidan jamás y que se repiten en el seno de las reuniones familiares por muchos años hasta que muere el abuelo.

Por lo visto este chaval es un representante que ejemplifica bien la nueva generación de médicos que están vomitando en algún sentido las Facultades de Medicina y las promociones MIR en los hospitales en los últimos tiempos.

Jóvenes que contravienen el paradigma médico dominante hasta hace algunos años.

Aquellos eran médicos de traje y corbata, de clase media alta y urbana, de pensamiento conservador y liberal, de mayoría masculina, que habían estudiado la carrera por puro biologicismo o por tradición, que intentaban sacar tajada de su posición complementando su ejercicio en una consulta privada, que no se cuestionaban una relación con la Industria Farmacéutica que formaba parte natural de su ejercicio, que les fascinaba la medicina hospitalaria y autoritaria, hospitalocéntrica y médicocéntrica. La Medicina para ellos no era un medio, sino un fin.

Creo que Carlos pudiera pertenecer al nuevo paradigma de médico. Chavales bien estudiosos con buenas notas que estudiaron Medicina por “accidente premeditado”. Tenían claro que querían estudiar Medicina porque tenían claro que querían cambiar el mundo y tenían claro que no había mejor manera de cambiar el mundo que hacerse médico, aunque probablemente se equivocaban. Pero uno tarda mucho en darse cuenta de eso y tampoco hay quien detecte y avise de esa realidad y quien disuada cuando se tienen 18 años, con ese futuro, esa ilusión y esa imponente carrera a punto de comenzar tras grandes esfuerzos en los años del Instituto.

Carlos pertenece una nueva generación de médicos que estudiaron Medicina entre compañeros de clase media y media baja, de mayoría femenina, con fuerte compromiso con un sistema público de salud y su defensa, de pensamiento progresista, que habían estudiado la carrera por el paradigma biopsicosocial y humanista, profundamente humanista, que concebían la generación de salud y de servicios sanitarios en la comunidad y en los determinantes sociales de la salud y en la población misma, y que no ejercían la Medicina como una manera de asegurarse una posición individual, o no sólo. La Medicina había pasado para ellos a ser un medio más que un fin.

Deben ustedes saber que este médico recién salido del horno mostró gran interés por algunos de estos aspectos antes relatados y que incluso fue un paso más allá y pidió, por ejemplo, realizar algunas prácticas en el medio carcelario, y el tema de Cárcel y Salud siempre le interesó.

Resulta pues un ejemplar valioso para la sociedad y un arquetipo a seguir, que debiéramos cuidar porque gente así es la que hace grande a nuestro país.

Ahora les contaré que este chico, aparte de participar en sus actividades y tareas académicas, realizaba actividades extraescolares en otros ámbitos. Por ejemplo en el ámbito de los movimientos sociales. Dicen algunos autores que es inconcebible que un universitario (que ha llegado donde ha llegado con su esfuerzo, pero también con la ayuda –económica, con los impuestos- de todos) no le devuelva a la sociedad lo que ésta le ha dado.  Para ellos, el universitario debe ser un ser comprometido con la realidad de nuestro tiempo.

Y qué mejor momento que éste donde la estafa de la crisis ha sacado lo peor de las personas que nos gobiernan.

Carlos participó en el movimiento del 15M, siempre de una manera pacífica y democrática, como la totalidad.

Un día de huelga general salió a la calle con los piquetes para defender el derecho de los trabajadores a trabajar no solamente ese día, sino todos los días. Él, que tenía un sitio prácticamente asegurado en la sociedad en una cómoda posición y con un sueldo bueno.

Entró en un bar de Granada con más piquetes. En el bar se montó algarada… lo típico: cánticos, vítores, consignas y tal. Ningún tipo de violencia física a los camareros ni a los clientes ni mesas rotas ni destrozos de material. Una escena si no justificable y honorable sí que inocente. Tan inocente que cuando se formó un poco de revuelo porque llegó la poli, Carlos permaneció tranquilo, consciente de no haber hecho nada por lo que pudiera ser castigado ni que representara ni mucho menos un hecho delictivo, y salió del bar de los últimos.

Allí fue identificado. Los dueños del bar denunciaron (y hay que decirlo: se enconaron en su postura cuando hubieran podido suavizarla; gran parte de lo que sucedió después descansa sobre su actitud) y un cúmulo de despropósitos se fueron sucediendo: una Fiscalía a degüello y un Juez delirante que pretende un sentencia “ejemplarizante”: tres años de cárcel. Efectivamente que ejemplifica la indecencia de un país y de un momento, éste, recordando que no entra en prisión un defensor de los derechos de los trabajadores desde la dictadura y que produce risa y vergüenza observar las penas por comparación de los verdaderos delincuentes de este país. Hijos de la gran puta que por ejemplo evaden dinero al extranjero mediante una fundación de niños discapacitados o que se lucran con el dinero destinado a la cooperación y desarrollo en los países del tercer mundo.

Así que ahí va Carlos de viaje de fin de estudios, a la cárcel. No hay más que revisar la foto y ver cómo la sombra de la reja va colonizando ya su hemicuerpo derecho. Me pregunto quién será el Carlos que salga de ella. Probablemente salga hundido o un superhombre redentor. Me temo que no hay término medio.

Me produce tremenda repugnancia esta sociedad hipócrita y estos poderosos hilarantes que endiosan a personajes como Mandela por sufrir cárcel por defender los derechos de los demás y los derechos humanos y que mandan a prisión a un chaval de 25 años por lo mismo. Dentro de 100 años miraremos con profundo sonrojo este episodio y nos rasgaremos las vestiduras: oh Carlos, el héroe de los trabajadores! El tupamaro Mujica!

No olvidemos que aun con la separación de poderes y con la democracia, no hay más responsables de una sociedad enferma y de un sistema enfermo que sus ciudadanos enfermos. No echemos las culpas, que residen en nosotros, a los demás. En eso también consiste la soberanía del pueblo.


Hoy estoy de guardia y en un rato sin pacientes escribo en esta habitación minúscula de baño compartido. De cuando en cuando salgo y me echo un trago de agua largo y caliente de sabor ferroso. ¡¿Por qué sabe así todo el agua del Sistema Nacional de Salud, por dios?! Una minúscula ventana, por la que entra el sofocante calor del verano. A través de ella miro y sueño con la vida de ahí fuera; se escucha el rumor de los coches, las sirenas que van y vienen, a veces la gente. Anhelo que lleguen las 8 de la mañana y agarrar mi maleta de ruedas y calzarme mi mochila estampada al hombro, ir para casa con el pelo graso y evitando el cagar a pulso ocasional de los baños compartidos, sentarme en la taza propia y echar un reconfortante zurullo de los que te dejan bienestar espiritual y dolor locorregional.

Me tumbo en la cama y pienso en lo que significa dormir en un colchón ajeno todas las noches y si el colchón de Carlos tendrá o no la viscoelástica ésa. Pienso en qué cosas vería y aprendería Carlos cuando estuvo de Erasmus en Grecia, un país evidentemente no casual y que dice mucho de él. Pienso en qué libros se leerá en la celda, si estudiará el MIR, qué especialidad cogerá. Pienso si la comida del talego será como la comida del hospital y no dejo de reparar en cuánto se parecen esas bandejas compartimentadas. Me imagino la paradoja de un preso dando lecciones a sus compañeros sobre “Cárcel y Salud”, pidiendo rotación a los médicos de su prisión.


Hace tres años me invitó como ponente a unas jornadas en Granada Farmacriticxs, una asociación de estudiantes por una Medicina ética y transparente, a la que pertenecía Carlos. A mí me gusta comentar algo cercano al lugar donde voy que le llegue al alma al auditorio para intentar metérmelo en el bolsillo en los primeros minutos.

Recordé que había estado en un pueblo de Granada cuando era estudiante de segundo de carrera, en un campo de trabajo, en una granja avícola en la que trabajaban personas con algunas minusvalías de tipo psíquico y que les ayudábamos en su trabajo diario como seleccionar los huevos y cosas así.

Ese pueblo era Albolote, y reseñé que era muy poco conocido, si acaso porque había una prisión.

Un estudiante del público me interpeló y me dijo que él conocía bien la prisión porque había ido allí como estudiante de Medicina.

En esa prisión, en la prisión de Albolote, ha entrado hoy Carlos Cano.

Mucha fuerza compañero.

Estamos contigo.


lunes, 7 de julio de 2014

PIES DE FOTO

No hay una presencia tan desasosegante como la de las fotos en las casas de los ancianos.
En las instantáneas normalmente se resaltan las bondades contemporáneas del fotografiado. Nadie sale mal en las fotos que se exhiben en las casas, o nadie exhibe en las casas las fotos en las que salen mal los fotografiados. Es una especie de marketing de la vida real. Vistas con el paso del tiempo, paradójicamente, esa intención se vuelve en contra del que un día quiso maquillar la realidad, pues el rodillo del tiempo todo se lo pule. Uno se pone a preparar un infusor a un anciano encamado y moribundo en presencia de una foto de cuando era un robusto joven como lo soy yo ahora y no puede dejar de sentir la fragilidad de la vida. El Midazolam debiera terminar con la vida del viejo, pero en realidad lo hace con la del joven que fui.