viernes, 21 de marzo de 2014

¿HASTA DÓNDE LLEGA LA PLURALIDAD EN LOS COLEGIOS DE MÉDICOS?

En un Colegio de Médicos se convocaban unas jornadas acerca del final de la vida y sus problemas.

La primera charla la daba un oncólogo acerca de “El debate actual sobre la eutanasia”, la segunda un médico de paliativos acerca de “El encarnizamiento terapéutico, la sedación y el testamento vital”. La tercera la daba un Prior (Superior o prelado ordinario de un convento; en algunos obispados párroco o cura)  y teólogo con el siguiente título: “El cristiano ante la muerte”.

Del caso no  me parecían apropiadas varias cosas.

1)     Que algo que queda dentro del ámbito privado (la religión) se expresara en una convocatoria de un acto público en sede colegial.
2)      Que un acto científico, o al menos médico, se mezclara con una profesión de fe.

Puedo aceptar y acepto que el final de la vida conlleve una importante espiritualidad, que no es lo mismo que religiosidad. También acepto que hay mucha gente que lo viva con religiosidad, pero dudo que ese ciclo de charlas y que un Colegio de Médicos sea el sitio apropiado para alumbrar las peculiaridades del afrontamiento de la muerte desde el punto de vista cristiano.

Es como si se quisiera dar catequesis en un Colegio de Médicos.

También entiendo que en ocasiones el Colegio no organiza todas las actividades, sino que otros las organizan y éstos las evalúan y las permiten, dado el caso.

Es cierto que aunque parece, no es lo mismo organizarlo (proposición activa) que tolerarlo (pasiva).

También entiendo que en un Colegio de Médicos no sólo se organizan actividades científicas, sino también culturales, sociales, artísticas…

También entiendo que el Colegio de Médicos es un sitio “plural”.

Los Colegios están abiertos a otros tipos de actividades como las de Asociaciones de Pacientes o a actividades de laboratorios farmacéuticos. La pluralidad.

Yo tengo muchas dudas en este tema y mi visión expresa varios matices, pero hay algo que no me encaja.

Primero, lo que yo llamo la permeabilidad del lobby. ¿Aceptarían una charla después de esas dos que se llamara “El musulmán ante la muerte”? ¿Sería relevante y pertinente? Seguro que dirían que sí, pero nadie va a organizar esa charla. Como la de “El ateo ante la muerte”. La sociedad no tiene el tiempo, las ganas (muchas veces las ganas se pagan con dinero o influencia) ni el dinero para contraprogramar a un grupo de presión.

Nadie se programa una charla con sus medios, por ejemplo, para desdecir a la Industria Farmacéutica. Bueno, casi nadie.

Al final el que tiene el poder es el único influyente, y el que lo permite es permeable a esa influencia, y cómplice de ella.

En el caso de la Industria Farmacéutica me parece mucho más grave aún.

Las enseñanzas de la Iglesia católica no son malas para la salud, aunque lo sean para los derechos civiles de las personas.

Las de la Industria Farmacéutica sí que son muy dañinas para la salud, para la Medicina, para la formación de los jóvenes médicos y profundamente lesivas para la sostenibilidad de la Sanidad Pública.

Las enseñanzas de desinformación continuada de la Industria son la antiMedicina.

El marketing de la Industria Farmacéutica crea efectos secundarios evitables y muertes de pacientes evitables.

Y campan como Pedro por su casa en el caso de los Colegios de Médicos españoles, organizando videoconferencias y charlas más o menos encubiertas bajo su influencia.

¿Todo es válido en esas casas? ¿Todos son bienvenidos en nombre de la pluralidad? ¿A parte del contenido no influye también la pertinencia a la hora de exponer en esa casa de todos?

¿Está bien que se organicen cursos de Homeopatía, de Reiki, de Medicina Biorreguladora que contravienen totalmente el método científico y la ciencia?

Sus organizadores probablemente superpongan la legitimidad para hacerlo a la de la un párroco.

¿Está bien que den el Pregón Médico de la Semana Santa?

¿Hasta dónde llega la pluralidad, los límites y la responsabilidad corporativa en los Colegios de Médicos?



sábado, 15 de marzo de 2014

LÍMITES ALTOS DE LA NORMALIDAD.

Celestino Cronodose es un “escritor” que tengo en la consulta. El día que le pregunté que a qué se dedicaba y me dijo que era escritor me di cuenta de que me mentía, porque un escritor de verdad nunca se revela como tal; es como un policía que espía terroristas, no lo van diciendo por ahí así como así. Luego reparé en que quizá no es que me mintiera, sino que él se pensaba que era escritor y no lo era en realidad, lo que me preocupaba aún más y me hacía compadecerle fuertemente, por lo que aunque yo supiera perfectamente que no era escritor, hacía que me lo creía y asentía a la condición profesional por él establecida, con lo que regresábamos al punto de partida.

Me recordaba la etiqueta de escritor a la de experto. La condición de escritor es tan falsa como la de experto, porque siempre te la dan otros, y casi siempre de manera interesada. Ambas etiquetas son verídicas cuando te las otorga la sociedad en su conjunto de manera estable en el tiempo, y no un particular, y menos un lobby. La de experto en Medicina te la da la Industria Farmacéutica o una tapadera de la Industria Farmacéutica (Sociedad Científica), mientras hables bien de los productos que ellos venden, claro. La Industria Farmacéutica nunca reconoce como experto a alguien que vaya en contra de sus propios intereses, si acaso solamente como disidente, inconsciente o irresponsable. La Industria Farmacéutica presenta al experto a la prensa y a la sociedad como una célula presentadora de antígeno hace lo propio con éste. La Industria Farmacéutica se diferencia de la célula en que nunca reconoce lo propio como extraño.

Evidentemente lo primero que hice fue espiar a Celes en el Google a ver qué había escrito. Pensé que conocer el alma de mi paciente me ayudaría a recomponerla. Confirmé que me mentía y que no había escrito nada, por lo que me sentí aliviado por mis certeras sospechas. Luego reparé en que quizá era un escritor de ésos en guerra consigo mismo que no es capaz de escribir una sola línea aunque lo intente con tesón, lo que sí que lo convertiría instantáneamente y sin lugar a dudas en un escritor de verdad.

A veces, por profundizar en las características biopsicosociales de algunos pacientes difíciles me hago un perfil falso de Badoo del sexo contrario y los contacto por la página, para intercambiar algunas impresiones que me son muy útiles de cara a la entrevista semiestructurada, aunque no sé si Borrell aprobaría este tipo de abordaje.

El caso es que Celes era hipotiroideo y según la temporada o el capítulo, me pedía que le consiguiera con una adecuada pauta de Levotiroxina una TSH normal, pero en el límite alto de la normalidad. Me decía que esta ligera inclinación hacia un estado hipotirodeo manteniéndose dentro de la normalidad le propiciaba un pequeño letargo y una mínima distancia de la realidad, que al igual que la fiebre, la resaca y el hachís, le hacía ver las cosas de una manera tal que las palabras brotaban casi solas.

Los niveles de TSH del tipo eran realmente fluctuantes y no daba vida de ellos, no sé si tomaba soja o qué.

Según en qué momentos me decía que quería escribir algo más alegre y me se inventaba una epicondilitis para que le infiltrara un Celestone Cronodose. Decía que con el corticoide depot alcanzaba un estado semejante a la manía con el que podía recrearse en historias realmente ricas y floridas (ideales para los artículos de primavera y verano, decía, donde a la gente no le gustaba leer de cosas tristes ni complejas). Yo hacía como que le aceptaba el diagnóstico, pero para que no se le abriera la piel del codo en abanico de tanto corticoide a veces se lo pinchaba en el culo y le decía que era lo mismo. 

No sé a quién escuché una vez que midió las diferencias en mejoría de infiltrar localmente una articulación y pinchar el mismo fármaco en el culo cuando había un problema articular, y que éstas eran mínimas.

Celes tenía mucha fe en mi y en mis indi(ca)ciones. Una vez, cuando yo empezaba en esa consulta me llevó a su padre (que tenía una demencia avanzada) porque sufría de una agitación que no podía con ella, y que le estaba desesperando a él y al paciente por completo. Se había probado con benzos y haloperidol, sin éxito debido al escaso efecto o a efectos paradójicos. Yo le puse Risperidona y algún otro neuroléptico que ahora no recuerdo. Y nada. La enfermera me aconsejó que usara un fármaco fuera de indicación de ficha técnica y como no sabía qué hacer lo acepté. Como me dijo le puse un Modecate a la desesperada (un antipsicótico intramuscular retard) y el paciente estuvo más suave que un guante, hasta el momento de fallecer.

Me gustaría cerrar esta historia de una manera más original, pero ni puedo ni sé, ya que yo tampoco soy, como Celes, escritor. Y aunque lo fuera no se lo diría a ustedes, porque en ese mismo momento dejaría de serlo.