martes, 22 de mayo de 2012

LA PUTA ADAPTADA

Visité un piso tutelado en el que vivían una decena de personas aquejadas de parálisis cerebral ± retraso psicomotor.

Esta iniciativa estaba organizada por una fundación, que tiene entre sus objetivos promover la autonomía y la vida digna de estas personas, dentro de las capacidades de cada uno, en un entorno de independencia.

Con la mejor intención en muchos casos, son tratados en sus lugares de origen por sus familias con excesivo paternalismo, con miedo, o poniendo más el acento en la condición de enfermos que en la de personas.

Esta fundación, aprovechando una distancia sentimental con la que no cuenta la familia, se ocupa entre otras cosas de estimular las habilidades de cada uno para intentar que alcancen una vida más plena dentro de sus importantes limitaciones.

No es nada raro este hecho. Yo, cuando estoy en casa de mis padres a veces también me hago el minusválido, para conseguir que aun casi teniendo treinta años, se me sigan consintiendo algunos privilegios domésticos tan cómicos que me da hasta vergüenza contar.

Hablé con los trabajadores, que me parecieron unos grandes profesionales. Ojalá ejerza yo mi oficio con tal asunción de responsabilidades, tanta identificación con la empresa-fundación y tanta entrega a los pacientes como ellos.

Me sorprendió (y ya este hecho delata una anormalidad) que trataran con naturalidad algunos aspectos vitales que irremediablemente tienen lugar en la vida de cualquiera, enfermo o no.

Uno de ellos era el sexo.

 - Les llevamos de putas de vez en cuando – me dijeron.

Una situación parecida reflejaba una peli que vi, de la que no recuerdo el título.

Notaron que me escandalicé un poco y me explicaron:

- ¿Tú has visto lo jodido que resulta encontrar un trabajo a los 55 años? Pues mucho más jodido es encontrar una mujer con la que tener una relación y relaciones a esa edad. ¿Y tú ves lo jodido que es encontrar un trabajo a los 40 años si tienes parálisis cerebral? Pues mucho más jodido es encontrar una mujer con la que tener una relación personal y relaciones sexuales con ella.

Visto así no parecía tan descabellado.

Normalmente llamamos a una misma mujer para que venga a hacer los servicios – dijeron-.

- ¿Es como una puta de cabecera más o menos? – pregunté-.

Bueno, es más bien una puta adaptada. Nos cobra 10 euros más que el servicio convencional por las peculiaridades.

Imaginaba que se podría dar la circunstancia, de que ahora con los recortes, visitara más el piso la prostituta que el médico de cabecera. Por otro lado estaba seguro que ella curaba mucho más que nosotros.

En todos los trabajos se podía encontrar una manera de hacer un servicio a la comunidad, y eso me reconfortaba. A la vez imaginaba en qué peculiaridades asentaba ese plus de 10 euros, y eso me desasosegaba.

- ¡Qué putada es ser paralítico cerebral! -pensé-. No sólo tienen que hacer frente al nuevo copago de las medicinas sino que también tienen que copagar a la puta.


Al final de la visita, agradecí efusivamente todas las atenciones y explicaciones recibidas y me despedí. Ya en el portal, me paré un segundo y me pregunté:

-  ¿Y cómo y quién satisfará los deseos de las mujeres del piso?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece un post muy machista.
DE mal gusto.

Roberto Sánchez dijo...

No me reprendas a mí. Reprende a la realidad...

Anónimo dijo...

La última pregunta me parece muy importante, ¿encontraste la respuesta?

Fdo: una mujer de las que llaman "normal"

Roberto Sánchez dijo...

No, pero estoy buscándola. Si la encuentro la pongo aquí.

Roberto Sánchez dijo...

Reconozco que antes de ver la película “Evelyn”, de la directora salmantina Isabel de Ocampo, no es que me pareciera de puta madre la prostitución, pero tampoco tenía una visión tan crítica como la que tengo ahora. Verla, no perdáis la oportunidad.

Roberto Sánchez dijo...

Hola. Recuperando la cuestión que una lectora planteó aquí, he hablado con algunas otras profesionales que se dedican al cuidado y convivencia en pisos con personas con parálisis cerebral y otros tipos de discapacidades.

Por lo visto, desde el estamento jurídico en el que reside la tutela de algunas de estas personas, desde las autoridades autonómicas competentes, con la colaboración de las familias si es el caso, se preveen y se programan acciones para dar satisfacción a las necesidades sexuales de los usuarios.

Al parecer, este tipo de «programas» tienen lugar no sólo por la consideración de sus necesidades, sino por conservar la paz social.

Es conocido que cuando los inquilinos de los pisos no liberan sus instintos sexuales directamente, éstos son liberados por otras vías, como por la violencia, la agresividad, el mal comportamiento, etc...

Es en estas personas, que no pueden camuflar sus necesidades, porque necesitan de los otros para satisfacerlas, donde podemos comprobar el instinto primario que resulta el sexo.

Es como realizar un experimento in vitro, donde se quitan todas las máscaras.

Las personas sin discapacidad podemos disimular que el sexo es un instinto primario, pues podemos aliviarnos en secreto o disimular esa pasión y haciéndola pasar, como digo, por otras cosas más o menos afines.

Pero las personas que necesitan ayuda no.

Podemos ver otros ejemplos en la estirpe animal. Un gato en celo que se pone como loco por la casa o un sacerdote que acaba pillando lo que tiene a mano, aunque incurra en un delito penal y sobre todo, moral. Y eso que son los máximos defensores de la moral.

En fin, que en los pisos cuentan con horarios masturbatorios, conocidos por las Gerencias, que se programan con la frecuencia que requiera el masturbante : - Venga Fulano, media hora de siesta. Y ya saben lo que significa. Media hora para ellos solos en la habitación.

En el caso de las mujeres es un poco diferente. Una cuidadora, generalmente mujer, se encarga de entablar una relación con la usuaria y conocer si requiere de estas prácticas. Dicen que cuando se lleva trabajando un tiempo en el piso y se conoce a la persona, saben perfectamente si tienen que propiciar que la mujer se quede a solas para satisfacerse o no y cómo y cuándo hacerlo.

Otra acción que se deriva de este asunto son las visitas programadas a prostíbulos, de algunos usuarios. Se suele realizar con conocimiento del personal del centro y de las familias, incluso con ayuda por su parte, y suelen recurrir casi siempre a la misma mujer. Se suelen desplazar los usuarios hasta el club.

Y esto es todo por el momento. Abrazos.